Cuando quedan cinco meses para asistir al Eclipse Solar Total del 12 de agosto de 2026, la octava ponencia de de la campaña de Comunicación Social de la Ciencia “De 12 en 12 — Rumbo al Eclipse Total”, impulsado por la Asociación de la Prensa de Guadalajara (APG) en colaboración con la Agrupación Astronómica de Guadalajara (AstroGuada), se ha dedicado a repasar cómo a lo largo de la historia de la humanidad, los eclipses de Sol Total han sido una fuente de inspiración para numerosas disciplinas artísticas. Sobre todo en la pintura y en las disciplinas gráficas (dibujo y cine) aunque también podemos encontrar buenos ejemplos en la literatura y la música.
La charla ha sido impartida por Antonio Ramírez, socio de AstroGuada, a quien las misiones Apolo del programa de la NASA, en la década de los 60, marcaron tan profundamente que le llevaron a convertirse en ingeniero. Experto en estructuras espaciales, Antonio trabajó durante casi tres décadas para Airbus y algunas de las piezas en cuya elaboración participó, aún son visibles en los rovers que exploran Marte.
La alusión y la descripción de los eclipses de Sol se han encontrado en los textos más antiguos de los que se tiene noticia. “La súbita desaparición del Sol —fuente de vida, orden y claridad— ha inspirado temor, misticismo, reflexión filosófica y exploración científica” señalaba Antonio Ramírez antes de repasar algunas de las obras más importantes o singulares de la literatura donde los eclipses aparecen como señales de los dioses, influyendo en batallas y destinos.
Señal de los dioses
Según las crónicas del historiador griego Heródoto (484 al 426 a.C.) durante una guerra entre los medos y los lidios en Asia Menor (actual Turquía), el cielo se oscureció repentinamente en plena batalla. Ambos ejércitos lo interpretaron como una señal de los dioses y, atemorizados, cesaron la lucha. La tregua desembocó en un tratado de paz que puso fin a una larga guerra y transformó la historia de ambas naciones.
También hay cantos de la Ilíada de Homero que evocan un eclipse solar, o referencias en textos mesopotámicos y varios pasajes en la Biblia evocan la oscuridad del día como presagio divino.
En la literatura medieval, muchas crónicas, poemas y cantos populares se refieren a eclipses como advertencias apocalípticas. Se describían cielos enrojecidos y pueblos aterrados.
Siglos después, en 1665, Shakespeare, en “El Rey Lear”, utilizó un eclipse como símbolo del desorden cósmico y social. En 1667, John Milton describe la penumbra de un eclipse como metáfora del pecado y la caída en “El paraíso perdido”.
En “Un yanqui de Connecticut en la corte del rey Arturo”, Mark Twain le da a su protagonista, Hank Morgan, el conocimiento científico para predecir un eclipse solar total (21 de junio de 528) y así evitar ser quemado en la hoguera.
Avanzando hasta el siglo XX, los eclipses tienen presencia hasta en el mundo del cómic. En el álbum “Tintín y el templo del Sol“ (1946), el célebre e intrépido reportero, creado por el autor belga Hergé, y sus amigos escapan de una condena a muerte impuesta por los incas porque Tintín recuerda haber leído en un periódico que ocurrirá un eclipse solar inminente, y elige esa fecha para fingir que tiene el poder de controlar al dios Sol.
El error de Hergé fue que aunque describió y reprodujo gráficamente muy bien el eclipse solar total ocurrido el 25 de enero de 1944, visible principalmente en partes de Sudamérica como Brasil y del Pacífico, el propio Hergé admitió más tarde que fue un error histórico. Los incas eran astrónomos avanzados y probablemente habrían predicho el eclipse ellos mismos, no asustándose por él.
Un cuento con final inesperado
En 1959, el evento solar da nombre a un cuento de Augusto Monterroso publicado en la colección “Obras completas y otros cuentos” (1959). Narra la historia de fray Bartolomé Arrazola, un religioso español, en misión evangelizadora, perdido en la selva guatemalteca en la época de Carlos V. Consciente de su inminente muerte a manos de los indígenas, intenta usar su conocimiento de un próximo eclipse solar para intimidarlos y salvarse. Dada la época no tenía recorte de periódico al que recurrir así que tiró de su erudición aristotélica para amenazar a los indígenas que lo habían capturado con apagar el sol.
Sin embargo, su plan toma un giro inesperado, revelando una sorprendente ironía en el desenlace. Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la ayuda de Aristóteles.
El simbolismo en la pintura
El ponente se centró después en la pintura, arte en el que con más profusión se ha representado el evento solar porque “el arte, sobre todo la pintura no ha podido prescindir de los fenómenos astronómicos y este –señalaba el ponente– es el más espectacular de los cinco tipos de eclipses de Luna y Sol que se pueden”.
Ramírez fue repasando, con la exhibición de numerosas obras, los aciertos y errores de sus autores al representar los eclipses. “Es muy probable que muchos autores nunca hubieran visto un eclipse, no hubieran sido testigos directos de uno y por eso sus obras contienen errores” advirtió el ponente.
Los artistas del Renacimiento incorporaron los eclipses como símbolos del poder de la naturaleza y la pequeñez del ser humano. En el Barroco, los cielos oscuros y dramáticos Rubens reflejaban esa tensión entre luz y sombra tan propia de los eclipses.
El gran cambio se produce a partir del siglo XVIII cuando, tras muchos siglos prediciendo cuándo se iban a producir los eclipses, se logra predecir dónde se iban a producir. Por lo que se empiezan a producir los viajes para seguir y presenciar eclipses.
Ya en el siglo XIX, el Romanticismo elevó el eclipse a metáfora de lo sublime: lo bello y lo terrible a la vez. Más tarde, pintores modernistas y abstractos usaron los cielos crepusculares y los horizontes en penumbra como imágenes de lo espiritual y lo infinito.
Relación de algunas obras en los que se representa un eclipse
Libro de los Milagros de Augsburgo, ca. 1550. Colección de Mickey Cartin, en EEUU.
- Tríptico de Taddeo GAddi (ca.1330). Sociedad Histórica de Nueva York.
- Anónimo valenciano, Crucifixión (ca.1450-1460). Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid).
- Libro de Milagros de Augsburgo, ca.1550. Colección de Mickey Cartin, en EEU
- Juan de Flandes. Crucifixión (1509-1518) Museo del Prado. Madrid.
- AntoineCaron, Astrónomos observando un eclipse solar (1570-80). Paul GettyMuseum, Los Ángeles.
- Peter Paul Rubens, La elevación de la cruz (1610-1611). Catedral de Amberes.
- José de Ribera, Cristo crucificado (1643). Vitoria, Museo de Bellas Artes.
- IppolitoCaffi, Eclipse de Sol en Venecia (1842). Colección privada.
- IvanAivazovski, Eclipse solar en Feodosia (1851). Colección privada.
- Egon Schiele, Crucifixión con eclipse de 1907.
- Marianne Von Werefkin, colección de obras con eclipses, 1910.
- Eclipse solar 1930, Paul Klee. Dualidad entre luz y oscuridad.
- Eclipse y ósmosis vegetal. Salvador Dalí. 1937. Fundació Gala-Salvador Dalí en Figueras
- La predicción de los eclipses de galaxias. Max Ernst. 1968. Colección privada
- Laurent Grasso, Studies into the past (estudios sobre el pasado). 2012
- Roy Lichtenstein, Eclipse of theSun (1975). Colección privada.
Los eclipses, parte del guion
El cine no podía ser ajeno a este extraordinario fenómeno de la naturaleza. Hay ejemplos de cómo se ha reproducido el fenómeno porque el eclipse forma parte del guión de la película como ocurre en “Apocalypto”. Donde se narra la historia de Garra Jaguar, un cazador maya cuya aldea pacífica es destruida por guerreros invasores. Es capturado para ser sacrificado pero un eclipse de Sol le salva porque es interpretado por su captores como una señal de que sus dioses están satisfechos. Se escapa y emprende una lucha trepidante por sobrevivir.
En otras, como el thriller dramático de 1995, “Dolores Claiborne” que en España fue titulada “Eclipse Total”. Una sirvienta de Maine es acusada de asesinar a su adinerada jefa. Y su hija, periodista, regresa al pueblo y juntas deben afrontar episodios de su oscuro pasado. El eclipse sirve como un potente símbolo narrativo de la oscuridad, el ocultamiento de la verdad y la culminación del abuso. Y merece ser destacado el realismo con el que se muestra.
Y no se puede olvidar, el Barrabás, de 1961, protagonizado por Anthony Quinn. Cinta famosa por incluir un eclipse solar real durante la escena de la crucifixión. Filmada el 15 de febrero de 1961 en Roccastrada (Italia). El director Richard Fleischer y el productor Dino De Laurentiis coordinaron el rodaje para capturar este fenómeno natural de más de dos minutos sin efectos especiales. Aludiendo a una repetida leyenda que describe un eclipse solar durante el sacrificio de Jesucristo. Hecho que es imposible porque ocurrió durante la Pascua judía, que se celebra en luna llena, mientras que los eclipses solares solo suceden en luna nueva.
La danza del Sol y la Luna en las partituras
La música también se ha dejado cautivar por los eclipses. Ya sea en piezas clásicas o en géneros modernos, la sombra solar ha servido como base para crear melodías y ritmos que convierten este evento astronómico en una experiencia artística.
En música clásica y contemporánea, Philip Glass compuso la ópera Akhnaten, donde se evoca el culto solar y la relación con el eclipse como símbolo de cambio religioso.
Pink Floyd incluye la pieza Eclipse, cierre del álbum The Dark Side of the Moon, donde el eclipse simboliza totalidad y destino humano. Aborda temas de conflicto y la vida. La canción utiliza el eclipse para representar la unidad y la totalidad, cerrando el álbum de manera épica.
El tema Total Eclipse de The Alan Parsons Project forma parte del álbum I Robot (1977). Se trata de un tema instrumental que evoca al film 2001: A Space Odyssey y lo ambienta sin palabras, únicamente con los ritmos de una orquesta y cantos gregorianos.
La canción de Bonnie Tyler Total Eclipse of the Heart (1983) es una exitosa balada que usa la imagen de un eclipse para simbolizar un corazón oscurecido por la tristeza y el amor perdido. Y fue la música de fondo que escucharon durante el eclipse de 2024 millones de estadounidenses.








